Dia 10. Ninh Binh


 Día 10. Ninh Binh -Tam Coc

Una vez fuera del autobús con nuestras maletas, se acerca un taxista, le mostramos nuestro hotel que está a 1 min en coche y 6 a pie, y nos pide 100.000 dongs que al cambio son 4 € pero el caso es que para el trayecto tan corto aquí es pedir demasiado y le decimos que vamos andando, con maletas y todo. Tampoco nos gusta que nos quieran tomar más el pelo.

Empezamos a caminar pero dudo que a estas horas podamos pedir hacer el check-in y paramos a tomar un café en el único lugar que vemos abierto y además empieza a caer una ligera lluvia que enseguida aprieta fuerte, así que no perdemos nada haciendo tiempo tomando un café, mientras afloja y se abre el día. Cuando reanudamos la marcha vemos que estamos a 2 calles de nuestro hotel.

Nos recibe Anne con una sonrisa como aquí es costumbre, nos dice muy amablemente que la habitación no está disponible pero nos ofrece una infusión de hierbas, guardarnos el equipaje y nos recomienda que hagamos alguna actividad, pero son las 7 de la mañana, qué podemos hacer a estas horas? Pues podemos a las 7,30 coger una declas barcas tradicionales que te llevan por el río y cuevas debajo de las montañas kársticas de la zona, y decidimos que no tenemos mejor opción, y aunque cansados lo mejor será empezar haciendo algo de lo que tenemos en la lista de actividades.

Somos los primeros clientes esperando a comprar el ticket.

Nos comentan que debido a las recientes tormentas y crecida del río no se puede acceder a parte del recorrido de cuevas por las aguas que no permiten el acceso. 

Tomamos una barca con remero ya mayor como la mayoría de banqueros que he visto esperando a los turistas que como nosotros esperaba en el muelle. Salimos a las 7,40h de una mañana nublada pero sin amenaza de lluvia, así que esperamos disfrutar del paseo en barca.

Qué vista de esas montañas kársticas llenas de vegetación con rocas de color negro y blanco, pero llenas de verde húmedo que las cubre, pero son rocas como volcánicas con formas caprichosas y oquedades que a veces dejan espacio suficiente para crear una cueva que permite ser atravesada por la barca, aunque hoy con la subida de las aguas del río no pueden ser visitadas todas, una pena pero hay que adaptarse como un camaleón a las circunstancias. Nos ha encantado este paisaje al que merecidamente llaman el Halong terrestre, es increíble pasear por este río escuchando únicamente al remero -que utiliza sus pies para remar- y a los pájaros, y como no hay más barcas alrededor ningún otro sonido molesta para disfrutar de este momento. 

Atravesamos una de las montañas por la cueva que la cruza, el techo está repleto de formas caprichosas formadas por el agua que va creando estalactitas y gotea agua a nuestro paso. 

Las imágenes hablan por sí solas, es una preciosidad poder ver este lugar y más aún en estas circunstancias tan propicias a primera hora de la mañana.

Cuando la barca nos deja en un embarcadero, donde un vehículo abierto nos recoge para visitar un templo excavado en la montaña y ubicado en sus cuevas, con pequeños altares en cada rincón, zonas donde se escuchaban los murciélagos planear sobre nuestras cabezas, tuvimos que atravesar el acceso a la entrada a pie por el agua, debido a la crecida del río cercano, todo el acceso y zonas colindantes estaban anegadas, pero íbamos preparados con pantalones cortos y zapatillas de piscina.

Se nos agotó la batería del móvil así que no pudimos tomar fotografías, pero pensando que podríamos coger una bici en el hotel y volver por la tarde, no nos importó, volveríamos. 

Tras regresar al punto de partida pudimos apreciar que el río ya estaba abarrotado de barcas y turistas con chalecos naranjas que obligan a llevar puesto, así que fuimos unos privilegiados aprovechando la tranquilidad temprana.

Volvimos al hotel, y viendo la cara de cansados que teníamos, nos ofrecieron la 1a habitación disponible para que pudiéramos descansar,eran las 12h del mediodía pero necesitábamos una ducha y estirarnos a dormir un rato.

Aunque nos despertamos a las 2h nos quedamos en la habitación viendo caer la lluvia copiosa a través de la ventana, era la opción más inteligente por el momento.

Este hotel hace poco que lo regentan y aunque no es el Ritz ofrece un alojamiento típico de las casas de la zona, tejados con maderas de bambú y ladrillos, más ladrillo en las paredes, la ducha en pleno baño sin más que el suelo en pendiente para desagüe del agua, sin más lujos pero auténtico. 

Pudimos descansar y sobre las 4 pm la lluvia había cesado, Anne y su hermana nos prestaron un paraguas y salimos en zapatillas de piscina a pasear entre las calles anegadas de agua ya que no parece que tengan un sistema de alcantarillado en todo el pueblo.

Teníamos algo de apetito así que nos buscamos un lugar donde poder comer algo, un bahn mi o traducido literal un bocadillo y reponer fuerzas, pero tras comer algo lo que más nos apetece es descansar y dormir para iniciar el siguiente día descansados así que buenas noches y hasta mañana.






















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